Crónica de la presentación de La Madeja

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El pasado viernes día 10 de mayo asistimos a la presentación de la revista “La Madeja” en Valladolid, por nuestra parte el broche de oro para cerrar todas estas semanas dedicadas a conversar con la gente de Cambalache y leer un montón de información sobre su proyecto durante la preparación de nuestro programa 06.

El café bar La Curva abrió sus puertas a un montón de gente de movimientos sociales y colectivos feministas, pero también a otras personas vinculadas a los círculos poéticos de Valladolid. Contamos con la visita de Irene S. Choya, compañera del Local Cambalache y una de las representantes del equipo editorial de la revista feminista La Madeja. En su presentación abordó los orígenes del proyecto Cambalache, cómo surgió el grupo de feminismos, por qué se decidieron a editar una revista, en qué consiste La Madeja y cómo es el proceso de redacción…

Tras un rápido repaso a los anteriores números (dedicados al aborto, las migraciones y los cuerpos), Irene nos explicó en profundidad el contenido de la última Madeja titulada “Paisajes y nos leyó un par de artículos más literarios y poéticos que nos dejaron literalmente sin palabras. Menuda atmósfera creó Irene en La Curva, una presentación absolutamente redonda.

editorialcambalachealgunos de los títulos más interesantes editados por Cambalache (en Valladolid, podéis adquirirlos en Sodepaz)

“El horizonte no es donde acaba el paisaje, es donde hace tope la mirada”, nos dicen las compañeras de La Madeja en la contraportada de su última revista, cuyo resultado es “un puñado de aportaciones que nos invitan a detenernos en distintos paisajes, a mirar de otro modo lo cotidiano y lo lejano, a defender lo que nunca debiera ser objeto de consumo, a reflexionar sobre las fronteras, significados y vivencias de lo prohibido, a desenmascarar paisajes viejos en lo aparentemente nuevo, a reivindicar el arte que transforma nuestros pasos, a buscar horizontes y sueños, a poner sobre la mesa lo invisible, lo injusto, a crear otros espacios, e incluso a mirar sin ojos, porque a veces vemos más con los ojos cerrados”.

pbcllenazo total en La Curva con mujeres muy representativas de los movimientos sociales de Valladolid

Recordad que podéis descargar todas las revistas en la página web de Cambalache: www.localcambalache.org. Y si preferís tener una copia en papel, también podéis consultar en ella los puntos de venta y distribución en el Estado español.

TIRANDO DEL HILO…

Después de la magnífica presentación, y tras un pequeño receso para darle la enhorabuena a Irene, intercambiar impresiones y tomar unas merecidas cañas, dimos paso al recital participativo de poesía feminista.

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Creo que hoy por hoy no hay mejor sitio en Valladolid que La Curva para un micro abierto de este tipo (no os perdáis, por ejemplo, las iniciativas del colectivo Susurros a Pleno Pulmón)… Así que entre los poemas que nos preparó Irene S. Choya y las intervenciones de Belén Artuñedo, Ana Páramo, Mercedes Pastor y Chapu Valdegrama cerramos una noche de viernes muy especial, de las que dejan con ilusión de seguir formándonos en feminismos y con ganas de conocer iniciativas imaginativas de otros colectivos.

Aquí os dejamos algunos de los poemas que se leyeron el pasado viernes, ¡que los disfrutéis!

La isla de las mujeres (Mercedes Escolano)

Cuando al amanecer, calmados los vientos
que horas antes agitaban las jarcias,
los tripulantes decidieron dirigirse a la isla
en busca de agua y provisiones,
eligieron una bahía serena y recogida
para desembarcar. Ya en tierra firme,
sobre cada uno de ellos se abalanzaron
más de cien mujeres, y cada una
se disputaba al hombre elegido,
y los hombres, exhaustos,
obligados a gozar sin parar
de todas y cada una de las hembras,
morían con los ojos en blanco.

* * *

No soy dueña de nada (Miriam Reyes)

No soy dueña de nada

mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

* * *

Podría haberme emborrachado (Begoña Abad)

Podría haberme emborrachado
de ansiolíticos potentes
o de vodka barato.
Podría haberme enganchado
a la coca, a las telenovelas
o al chocolate.
Podría haberme hecho adicta
a tus ausencias,
a tu malquerer, a tu dolor,
a tu lista de contraindicaciones,
pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacía en la espalda
y echarme a volar.

* * *

Tao (Ana Páramo)

Tengo cosas pero no poseo nada,
Abriles, lunares, cosquillas,
pero no poseo nada,
diez gatos, anillos, los árboles,
pero no poseo nada.
Tengo tejado, secretos, zapatos,
pero no poseo nada.
Cada encuentro con un amigo,
un momento de felicidad.
Tengo ligado el corazón
a los corazones que lo saben.

* * *

Primera Conjugación (Laura Casielles)

Encontrar las palabras
elementales. Aprender
cómo decir perdón en el idioma del que irrumpe,
y buenos días, y toma,
y he venido a conocerte, aprender
cómo decir gracias en el idioma
de los que también rasgan
y también
se desgarran,
cómo decir
café, cariño, patria,
shalom, salam aalaikum, aprender
cómo se dice pasa, entra, esta es mi casa
en un país al sur del que apenas
quedan ruinas, aprender
obrigada, spasiba, aprender
qué colores no existen en las lenguas de África.
Y cómo responder que sí en Pekín.
Llegar a las ciudades y descubrir
los entresijos del mercado,
entender,
aprender
cuál es en cada tierra
la etimología de alma, y de qué modo
saludaban al miedo mis bisabuelos.
Encontrar las palabras elementales.
Y luego hablar.

* * *

Posibilidades (Wislawa Szymborska)

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.

* * *

De tugurios y putiferios (Chapu Valdegrama)

Como los putiferios
se engalanan con luces rojas,
la obscenidad más corrupta
se viste de raso púrpura.

Al menos los putiferios
declaran sus ingresos.

* * *

Genealogía (Berta Piñán)

La rosa que cortó George Sand,
su perfume furtivo
en esta tarde última de otoño.
Los rebaños australes de Alejandra Pizarnik
que mi abuela apacentó después,
en la navidad del 57, sola entre la nieve,
en los montes de L’Aspru.
La llama de un fósforo, en Park Avenue,
en las manos ateridas de Margaret Randall,
que alumbra ahora mi cigarro
en la noche de Madrid;
las garzas azules de Elizabeth Bishop
que vienen a posarse en la orilla de estos versos
y son también aquello que perdimos;
Linda Pastan y las voces, al volante,
cuando presiente que ya hemos gastado
el tiempo que nos queda.
Un libro que pasa de mano en mano
en una mañana apacible de Dachau
-Alemania- y que yo abro ahora,
60 años después, para recordar
que nunca más seremos
inocentes.
La carta que Adrienne Rich
nunca envió,
donde decir adiós y decir lo siento
le dolía tanto
-el corazón de una mujer
arde en ese cuarto-.
Los números secretos de Szymborska, el manzano
que plantó en la primavera polaca y
dejó escrito en el poema:
sólo los presos desean volver a casa -dijo-,
y ahora son aquellas las frutas que yo recojo
en mi huerto.
El gas mortal de Sylvia Plath,
de Anne Sexton;
el agua resbalando por el pelo
de Alfonsina Storni, como un puñado
de serpientes.

Quién dijo que al final seríamos
juntos y felices,
al final,
quién dijo que la verdad no
dolía tanto,
que brillaba como un gusano
de luz
en la esfera de la noche.
Las cárceles de hielo de Ajmátova,
de Tsvietáieva,
que sacuden en el centro mismo del
silencio.
Dime lo que un corazón
puede soportar
de luz y de sombras,
cuánto de soledad, cuánto de frío,
qué heridas no seremos capaces de cerrar,
quién olvidará primero.
Dime cuántas veces se puede lanzar
la misma piedra en el vacío
y a quién va a golpear
cuando regrese.

* * *

Tengo (Mercedes Pastor Segovia)

Tengo en la boca una rosa
negra teñida
de aromas de palabras presas.

Tengo en los ojos
una risa seca,
cascadas de llanto
helado en tristezas.

Tengo en los oídos
melodías inciertas,
notas de silencios,
canciones sin letra.

Tengo en las manos
sólo una bandera
pintada de blanco,
de sangre y arena.

Tengo en la piel de mis sueños
las cicatrices más frescas
sangrantes por las heridas
de llagas viejas, muy viejas.

Tengo en mi pecho
de novia trabada una calavera
con huesos de arcilla y barro
y rutilantes esquelas.

Tengo en los pies sin quererlo
abandonadas las huellas,
regadas por pasos cortos
y llantos rotos de penas.

Tengo en la mente mi libro
lleno de bosque y leyendas,
de los recuerdos futuros
pero presentes, sin fecha.

Tengo en el alma tu imagen,
una llamarada etérea,
esperanzada y con dudas
brillando entre las tinieblas.

Tengo en la frente una rampa
Para aterrizar estrellas,
con rabos de nubes blancas
y lunas de esperanza plenas.

Tengo en las venas
ríos de promesas
corriente de vida,
mareas eternas.

Tengo en el cuerpo
una enredadera
creciendo en abrazos
de agua, luz y tierra.

Tengo, corazón, ¡lo tengo!
todo el mundo en un poema
de esperanza y sembrado
de fantasías y quimeras.

* * *

La levedad del pájaro (Laura Casielles)

Aprender la levedad del pájaro.
Sacar los pies del nido y encontrar
que fuera el mundo es limpio
y el cielo es amplio
y no nos queda nada
por lo que valga la pena no amar.
Aprender
la levedad del pájaro. Respirar.
Sentir cómo pasa el aire
por todas las esquinas del cuerpo,
lo más parecido a volar
que puede hacer una mujer
como yo,
con el corazón
pegado a tierra.
Desafiar
la gravedad
como quien desafía
una norma, aprender
la levedad del pájaro.
Olvidar que las cosas pesan
y echarlas al aire,
quedarse quieta y ver
cómo
les nacen
alas.
Lo más parecido a volar
que puedo hacer,
yo que tengo
los pies
de plomo.
Aprender
la levedad
del pájaro.

Una respuesta a “Crónica de la presentación de La Madeja

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